Erase una vez un país donde la gente vivía como en un gran circo, o mejor todavía, como en un gran parque temático, maravilloso e imaginativo, todo era virtual.
Pero como en todo sueño o parque temático, todo era irreal o virtual, y debajo de esa mascara o de ese disfraz de ese personaje del parque, estaba un delincuente, o había un pederasta, o un corrupto, un mal tratador, etc. etc. etc.
Pero había una peculiaridad, y es que al contrario de los parques temáticos, donde la gente entra a sabiendas de que están en un mundo imaginario, aquí el mundo imaginario, era el de fuera.
En un parque temático la gente paga al entrar y disfrutar, pero en el país de Zapaterolandia, la gente pagaba por salir para soñar y disfrutar. Cada niño nuevo que venía al mundo en Zapaterolandia venía con una deuda debajo del brazo, al contrario de con un pan.
Uno de los pabellones de las atracciones mas importantes, era el del paro, las colas eran enormes y según algunos llegaron a los 4 millones.
Pero el pabellón más visitado era con mucho el de la Seguridad Social, ahí se veían gentes de todas las culturas y países y las colas no tenían nada que envidiar a las del paro.
El gobernante era como el Rey Midas, pero al revés, ya saben, aquel todo lo que tocaba lo convertía en oro, pero este otro de Zapaterolandia, lo que tocaba lo convertía en Mierda.
Era como vivir en un mundo al revés, donde los delincuentes gozaban de protección y libertad de expresión mientras que las personas decentes y humildes eran perseguidas y castigadas, a los terroristas, se les avisaba de que iban a ir a por ellos y al ejército se les daba premios por no disparar a piratas.
Lo malo de este parque, Zapaterolandia, es que, el público, personal laboral, gestores y accionistas, así como el Gran Jefe, tenemos la culpa de todo, lo que pasa.
Que las musas me acompañen.
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