Soy de una educación que para suerte o desgracia fue muy dura, suerte porque aprendí mucho y desgracia porque me costó mas de un tortazo y alguna humillación, pero que hoy pasado el tiempo hasta me siento orgulloso de ello, sobre todo por la parte de la educación de mis padres, que lógicamente era la mas querida, pues la de la escuela, no la veíamos con los mismos ojos.
Pero hoy en día todo esto no te sirve de mucho, mas bien al contrario, porque ves como gente a la que tu con una simple cultura general eres capaz de sacarle los colores, aunque a el o ella le de lo mismo “ande yo caliente ríase la gente” y es que la gente ya ha perdido la vergüenza a que le rectifiques cualquier patada que le de al diccionario. Es habitual.
Cada vez que veo y oigo a nuestro señor presidente del gobierno (pongo con minúsculas a conciencia) siento vergüenza ajena, lo digo de verdad, este hombre pasará a la historia por el presidente que mas gilipolleces dijo por minuto, y será no tardando, tan pronto pierda el poder y su dominio en los medios de comunicación, le harán monográficos, y serán los suyos, estoy seguro los que mas se ensañaran con el y si no al tiempo.
Decía al principio que cuando yo estudiaba, sufrí alguna humillación en clase – no fui el único- eran otros tiempos, pero he de reconocer que aunque desmesurada no estaba exenta de razón. Pero es que hoy en día, el tema al derivado por otros derroteros, hoy los listos que se anden con cuidado de no ofender al tonto, porque en ellos caerá todo el peso del pensamiento único que nos invade. Pero a todo cerdo llega su San Martín. No se dan cuenta que una educación tan permisiva hace mas vulnerables a los niños (perdón y niñas) así pasa que cuando no consiguen lo que quieren les lleva mas fácil a la frustración. No creo que mi Padre tuviera los complejos de conciencia, que hoy nos angustian a tantos padres e incluso abuelos (Perdón y madres y abuelas).
No se si dentro de muchos años por alguna casualidad de Internet llega esto a algún sesudo pedagogo, y verán como reconocerán en mis palabras (mal explicadas y escritas) que llevaba razón y que a los niños no hay que sobreproteger, hay que ayudar pero no sobreproteger, hay que darles una caña y enseñarles a pescar, pero no darles el pescado directamente.
Cuantas veces oigo hoy en día “No quiero que mi niño pase lo que yo he pasado” y les dan todo lo que pide el niño, pues sepan, que volverán a pasar lo mismo que usted precisamente por pensar eso. Alguien dijo alguna vez algo como “quien protege demasiado al hijo corre el riesgo de hacerle canijo”.
Que las musas me acompañen
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